Cuantas veces nos decimos a nosotros mismos después de un problema, que no merece la pena malgastar los segundos en preocuparte más si no tiene solución. Cuantas veces en la vida nos proponemos hacer las cosas que queremos, no lamentarnos por lo que no hicimos o decir lo que sentimos, pues, por muchas veces que nos lo digamos, nunca acabamos haciendo esos pequeños consejos que nosotros, como nuestros mejores amigos, intentamos recomendarnos sin que, finalmente, los sigamos, pues amigos mios, es hora de que cambiemos nuestra manera de pensar.
Hace unos días iba conduciendo por una carretera sin sospechar lo que en cuestión de segundos iba a suceder, 50 metros delante de mi, un peugeot 306 adelantaba a un coche por la derecha, tal y como todos los conductores procedemos a hacer cuando otro se sitúa en medio de la calzada para realizar un giro a la izquierda, pues bien, el mencionado automóvil dirigido por un conductor que no se percató de que se aproximaba demasiado a la cuneta, introdujo la rueda delantera derecha en la vía de arena, llevando al coche a salirse de la carretera hacia la dicha vía que tenía un desnivel de medio metro. El conductor reaccionando instintivamente intentó volver a la carretera, consiguiéndolo en última instancia, pero sin controlar el automóvil y produciendo que éste se colocara en el carril en posición perpendicular a nosotros, momento en el que las ruedas se agarraron y se dirigió hacia un montículo duro que al impactar con el coche, produjo que se volteara y acabara impactando el techo contra el suelo y dejando las cuatro ruedas boca arriba.
Todo lo que he descrito, fue presenciado apenas a 100m de distancia y en cuestión de segundos. Reaccionando a tal impacto, aparcamos el coche en un camino y nos acercamos a socorrer a las personas que estuvieran dentro, no sin que durante esos 100m interminables, mi cabeza solo pensara que los que se encontraran en el interior no podrían permanecer con vida, pero los caminos de la vida (y del Señor para aquellos que crean) son insospechables y la única persona que se encontraba en su interior salió por su propio pie (con la ayuda de las personas que allí nos encontrábamos) y totalmente consciente sin ningún rasguño.
Aquello me recordó al accidente que el que suscribe tuvo el 11 de noviembre del 2007, dejando el coche siniestro total, exactamente como el que me encontraba mirando, pero sin ningún perjuicio para su salud.
Aquel día, tuve otra oportunidad de vivir y en aquel instante, aquel chaval tenía una nueva oportunidad, ¿Sabría aprovecharla?
Por ello, no dejéis pasar las ocasiones que os brinda la vida, pero lo que es aun más importante, no permitáis que estas ocasiones perdidas o malos momentos, acaparen vuestro tiempo. Vivid!
jueves, 30 de julio de 2009
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Me encanta Alejandro!!!!
ResponderEliminarMe encanta esa positividad y esa alabanza a la vida!!! :D
VIVAMOS!!!